El reto de ser mamá de 3 hijos

Mamá al Cubo · 23 mayo, 2017

¿A veces les cuesta trabajo entender el temperamento de sus hijos? Mamá al Cubo nos explica este gran reto.

hijos

¿Cómo le haces? Es la pregunta recurrente cuando las personas se enteran que tengo tres hijos. La verdad es que no siempre sé qué responder, primero porque realmente no sé cómo le hago, pero también porque no sé si se refieren a la parte física de organizar la vida con tres personitas o lo que implica emocionalmente cuidar los corazones de tres criaturas.

Lo que me pone de cabeza es el tema emocional de mis tres hijos. Cuando pienso que ya todo se acomodó, resulta que no, que el mayor comienza una etapa de pre puberto, que acaba de descubrir “el amor”, que las niñas ya no son solo para jugar, que son chicas por las que comienza a sentir “algo más”, y ¡apenas tiene nueve años! (casi 10 diría él).

Ahora les cuento de mi hija mayor que a principios de años pensaba que después del cambio de casa, de escuela ya estaba acoplada y todo fluiría perfecto, pues resulta que para febrero ya estábamos en el tema de “ya no voy a ser de las chiquitas, ya no voy a estar en el kínder”, la semana pasada de plano fue “mamá ya quiero irme a la primaria”. Yo con cara de emoticón.

 Para no dejar a nadie fuera les cuento que la más pequeña deja los terribles tres para entrar a los tremendos cuatro, con el carácter más fuerte que he visto en una niña tan pequeña. Ojo, no es que haga berrinches o pataletas, sino que últimamente le ha dado por hacer de vez en vez, me refiero a que de mis tres hijos es la que más retos me pone al decir un No rotundo cuando algo no quiere y prácticamente no hay manera de negociar, no llora, no patalea simplemente dice no y me mira con cara de “hazle cómo quieras”.

¡Zas!  Y una que se acaba de certificar en crianza positiva pues no se valen gritos ni sombrerazos. Nadie me hace contar hasta 50 como ella, no cuento para calmarme, cuento para pensar ¡qué hago ahora!

Lo más bonito es cuando los tres tienen “un mal día” el mismo día, ahí sí que acabo como si un tren me hubiera pasado encima y pienso “no he hecho más que abrazar, limpiar lagrimas, hincarme a explicar las cosas”, claro lo mismo una y ora vez toda una tarde.

Pero ahí no acaba la cosa, al acostarme en lugar de dormir comienzo a pensar ¿por qué Mat estará tan sensible? ¿Cómo le ayudo a Paula a ser un poco más segura en cuanto a decir lo que no le gusta? ¿Qué tendrá a Victoria tan irascible? Y por supuesto, de ahí me brinco a ¿Qué estaré haciendo yo que mis hijos me están reflejando? Así me dan la una, las dos y las tres…

¿Que cómo le hago con tres? Sigo sin poder responder algo concreto, sólo que cada día trato de ser más paciente, de darle importancia a lo realmente importante, a no fijarme en accidentes cotidianos, a mantener ciertas rutinas para que los chicos tengan estructura, pero sobre todo lo que hago más es abrazarlos, mirarlos a los ojos, preguntarles qué necesitan de mi, besarlos y decirles que pase lo que pase su mamá aquí está para lo que necesiten.

Y entonces sucede la magia, dejan de llorar, sonríen, se les iluminan los ojos, me abrazan fuerte y mi alma descansa, aunque sea por un segundo, porque esto es todo los días.

No se trata de hacer sumas ni multiplicaciones, se trata de estar, así es como lo hago.

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