Para ser el mejor papá del mundo

Cartas de papá · 13 noviembre, 2015

Nadie te dirá la fórmula o receta para ser un gran padre.

“Tú tienes que ser el mejor”, me repetía mi madre. Lo decía cuando me regañaba por alguna situación de la escuela o cuando competía en algún deporte, jamás dejó que pasara por mi cabeza la idea de la derrota. Hasta la fecha me recuerda que tengo que salir a ganar todos los días. Modestia aparte, puedo decir que no le he fallado.

Soy un buen tipo y en distintas etapas de mi vida he sido un hombre sobresaliente. Por ella comprendí mucho pero también quiero reclamarle algo: ¿Por qué no me dijo que nunca nadie ha escrito la fórmula, el método, la receta, el curso o la guía para ser un gran papá?

Insisto, no quiero estar libre de errores, lo que deseo es que aún con mi amor imperfecto mis hijos sientan que soy lo máximo del planeta. Hoy a su corta edad con miradas, risas, besos y hasta al expresar sus temores me han hecho sentir que soy una de sus personas favoritas. Sin embargo, sospecho que cuando crezcan me cuestionarán algunas cosas y tendremos desencuentros, así que previniendo ese momento, justificaré algunas de mis decisiones.

  • Decidí ser padre hasta los 38 años para ser un buen hombre. Pero cuando tenga 60 años, si mi hijo de 22 o mi hija de 20 se sienten cómodos, los puedo acompañar hasta el fin del mundo, sé viajar ligero
  • Decidí tener dos porque aunque soy un hijo único feliz, los éxitos son más grandes y las derrotas más pequeñas cuando estás acompañado
  • Decidí llevarlos de viaje desde muy pequeños, por lo mismo al crecer recordarán muy poco de los lugares visitados a sus 2, 3 o 4 años de edad, pero estoy convencido que inculcarles el gusto por viajar los llevará a traspasar sus propias fronteras, a quebrar esas invisibles barreras que nos impiden conocer más, a quitar esos miedos que nos detienen para dar el primer paso y largarnos a un lugar distinto
  • Decidí hipotecar un departamento porque deseaba ver caminar a mi enano en un hogar propio. Luego, decidí hipotecar una casa porque mi princesa debía tener su propia habitación. Eso ha hecho una deuda eterna, pero así encontramos el verdadero lujo que es sonreír al compartir lo poco que tenemos. Nunca olviden que lo importante no es el tamaño de la casa, sino el volumen de amor que tienes para llenarla. De nada sirven los cuartos vacíos llenos de muebles
  • Decidí llevarlos a tomar clases de natación porque el deporte es una gran tabla de salvación, y a clases de música porque el arte cura el alma e inspira al cerebro y porque una canción ancla buenos recuerdos
  • Decidí cuál sería su escuela por estar cerca de casa, del trabajo, de mis brazos alertas
  • Decidí vestirlos de muchos colores, porque el arcoiris tiene más seguidores que el cielo gris
  • Decidí dejarlos dormir en mi cama porque algún día, ya en su propio espacio, tendrán grabado en su corazón el camino al consuelo
  • Decidí ser su papá y no su amigo. La diferencia es que yo sí les puedo entregar mi vida
  • Decidí todo esto con su mamá, en busca de ser los mejores padres

 

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