La ciencia de ser mamá

Lourdes Botello · 10 mayo, 2018

Convertirte en madre es uno de los caminos de autodescubrimiento más fascinantes que existen. Todo un proceso bioquímico te prepara a la perfección y te respalda para enamorarte de tu hijo y criarlo como necesita.

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Hay noticias que alteran el curso de tu historia personal. Saber que vas a tener un hijo es una de ellas. Ser mamá te transforma. Y no sólo en sentido emocional o como una cita en una postal de ésas tan lindas que suben en Facebook. Literalmente, tu cuerpo y tu cerebro cambian para permitir el proceso de gestación y parto, así como para adaptarte a la lactancia, las noches sin dormir, a tolerar la incomodidad, los llantos y todo lo que implica criar un bebé. Tienes ahora el privilegio de unir conciencia e instinto para disfrutarlo en cuerpo, mente y alma.

Todas merecemos ser celebradas, claro, no sólo por nuestra dedicación y nuestra participación en la sociedad, sino porque somos capaces de conectarnos con decenas de miles de años de evolución y adaptación al medio.

 

¿Cómo funciona el cerebro de una mamá?

 

Cerebro embarazado

 

Que si estás distraída, que tienes sueño todo el tiempo, que si se te olvidan las cosas… Para los neurólogos, el embarazo es un proceso de desarrollo cerebral similar al de la adolescencia, en el que el aumento de las hormonas crea nuevas conexiones neuronales que sirven para el resto de tu vida. ¿Cómo es posible? Muy sencillo…

  • Lo traes en la cabeza (literal)

Un estudio realizado en 2012 confirmó que el DNA de los hijos se conserva por años e incluso décadas en el cuerpo de la mamá y puede llegar hasta su cerebro. El proceso se llama microquimerismo y sucede en el intercambio de células a través de la placenta.

  • Tu cerebro crece

Un estudio de 2010 de la Universidad de Yale midió el tamaño del cerebro de 19 mujeres antes y después de tener un hijo. En todos los casos, la materia gris era un poco más grande.

En las mamás que más apapachaban a su bebé la masa cerebral aumentaba y lo padre es que las partes del cerebro que crecieron fueron las que tienen que ver con la motricidad fina, las emociones, el razonamiento, la percepción sensorial, el sentido de justicia y los mecanismos de recompensa. Al parecer, naturalmente maduramos y evolucionamos en conciencia al ser mamás. 

 

Revisa: Manual de supervivencia para mamás muy ocupadas

 

  • ¿Todo se te olvida?

Durante el embarazo y la lactancia, muchas mujeres se quejan de mala memoria y dispersión. Puede deberse, según la directora de la Clínica de Estado de Ánimo y Hormonas de la Universidad de California en San Francisco, Louanne Brizendine, a que tenemos entre 15 y 40 veces más progesterona y estrógeno en nuestro cerebro. Estas hormonas afectan muchos procesos mentales.

El día más esperado

“Algunas mujeres temen que su pelvis sea muy estrecha o que su bebé sea demasiado grande para parir vaginalmente; démonos cuenta de que por principio de supervivencia tu cuerpo no va a gestar a un bebé que no pueda sacar del mismo. Cada vez llegan a mis cursos de preparación para el parto más mujeres frustradas por haber tenido una cesárea previa, por un diagnóstico falso de desproporción cefalopelvica (esto es un supuesto bebé demasiado grande o pelvis demasiado estrecha)”, cuenta Glenda Furszyfer, doula y educadora perinatal.

 

Además: Si perdiste el control… aún no eres la peor mamá

 

“Cuando ellas se informan, fortalecen su confianza en su sabiduría innata para dar a luz y por lo general cambian de médico, logran tener experiencias maravillosas de partos vaginales muchas veces pariendo bebés más grandes incluso que los que gestaron en el embarazo anterior y ¡que supuestamente no pasaban por sus pelvis! Cuando el tamaño de ésta es el mismo siempre”, asegura.

36.9% de los partos en México fue por cesárea en 2010. En Nuevo León, esta cifra aumentó 73% en 10 años.

 

 

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¿Innato o adquirido?

 

La cuestión filosófica de si nacemos con instinto maternal o lo desarrollamos por el ambiente en que vivimos es difícil de responder. Sin embargo, hay ciertos indicadores de que, aunque nadie te haya criado a ti y no tengas ni idea de cómo ser mamá, tus instintos saldrán a la luz y podrás ser muy buena en tu papel.

Un estudio realizado en Tokio hizo resonancias magnéticas del cerebro de las mamás que observaban fotos de sus bebés en situaciones tranquilas y llorando, y luego compararon la actividad de su cerebro cuando observaban fotos de otros bebés. Este estudio sugiere que el instinto maternal está programado en nuestros neurotransmisores.

Además, los estudios en biología y evolución demuestran que los animales cuyas madres tienden a estar cerca del nido producen crías que sobreviven más que las que no.

 

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